FRANK BAIZ - LA PÁGINA DEL GUION
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Guionistas: Cómo diseñar biografías que realmente nos sirvan para construir personajes

De lo que se trata con el personaje no es solo que el escritor lo conozca como conocemos a las personas, algo que de por sí es importante, porque conocer es familiarizarse y los personajes son, en cierto sentido, una suerte de ampliación virtual de nuestra familia, consanguínea o extendida. Pero a los familiares, como a los personajes, se le conocen por lo que deciden hacer con su vida, como tantas veces se ha dicho tanto en el ámbito dramático como en el parental. Nuestras biografías dicen algo de nosotros, porque los acontecimientos que vivimos son piezas que contribuyen a nuestra formación, pero son piezas incompletas, estímulos parciales cuyo impacto definitivo sobre lo que somos solo llega a completarse con cada decisión que tomamos: somos lo que decidimos hacer con lo que nos toca, no un producto ciego de los eventos que vivimos. Lo mismo sucede con los personajes: una biografía no es más que una sarta de casualidades hiladas cronológicamente, a menos que se le provea de una cadena  causal. Y la cadena  que sostiene la construcción profunda del personajes no es de naturaleza racional, sino emocional.

Hay un instrumento del Análisis Transaccional o AT (una teoría psicológica a la que recurro con frecuencia en mi trabajo con guionistas) que invierte los términos que los escritores solemos utilizar y que, en lugar de hablar de la vida en los guiones como lo hacemos nosotros, se dedica a explorar los guiones de vida, refiriéndose a los planes que todos tenemos  con nuestra vida y de cuya existencia apenas nos percatamos. De acuerdo con este instrumento del Análisis Transaccional, todos  los seres  humanos acogemos tempranamente en la infancia un plan preconsciente que funciona como el argumento de la película en la que convertimos nuestras vidas,  y eso lo hacemos bajo la influencia de nuestros padres y otras figuras del entorno. En el transcurso de nuestra formación, ciertas experiencias significativas van reforzando el argumento de vida el cual -y lo que puede ser peor- siempre tiene un final previsto. En otras palabras, no nos damos cuenta de que colaboramos -y somos en parte- los guionistas de la película que vivimos, aunque, muchas veces, la película que inconscientemente decidimos protagonizar sea una película de horror.  

La idea de los guiones de vida es sencilla y, a la vez, potente y constituye un eficaz instrumento para la construcción de personajes. Tanto en la vida que vivimos, como en la existencia ficcional que le inventamos a nuestros personajes, lo relevante no son tanto los acontecimientos vividos, sinos los mensajes que se reciben y cómo se procesan esos mensajes. El AT considera cuatro tipo de mensajes: los que provienen del modelaje (es probable que el hijo de un gangster termine emulando el destino fatal de su progenitor); las atribuciones (no es raro que a una hija a quien sus padres le hayan atribuido una belleza hueca, termine siendo toda su vida una chica plástica); las sugerencias (más de un ingeniero amargado debe ser el producto de las sugerencias de su tío paterno) y, por último, y quizás lo más importante, lo que los analistas transaccionales llaman los mandatos  (lo que nunca se debe hacer en la vida) y los contramandatos (lo que sí se debe hacer para ser fiel al guion de vida).  Cada uno de estos mensajes nos colocan -y deben colocar a los personajes, si aplicamos este modelo- frente a la necesidad de tomar decisiones. Y nuestros guiones de vida (o el argumento de vida de nuestros personajes) terminan siendo el producto de las decisiones que tomamos (o que ellos toman) frente a los mensajes que hemos recibido en nuestras vidas, y en el caso  de la escritura, de los mensajes que reciben nuestros personajes en los antecedentes que les inventamos.

Lo que podemos deducir a partir de estas reflexiones es que,  más que de una biografía como lo que utilizamos cuando hacemos la crónica de la vida de un ser humano, lo que necesitamos como guionistas es un documento que explique por qué el personaje escoge una manera de vivir (que es puesta a prueba en el transcurso de la historia) y si esa manera de vivir no le sirve (y el personaje cambia) o sí le funciona (y entonces el personaje no cambia). Y la idea del guion de vida viene como anillo al dedo: un personaje es el producto de su guion de vida y si diseñamos este guion de vida estamos diseñando profundamente los antecedentes que explican la interioridad del personaje. En otro momento les hablaré de los pasos que les permitirán diseñar el guion de vida y que así puedan contar con biografías que realmente les sirvan para construir personajes.

Frank Baiz

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