FRANK BAIZ - LA PÁGINA DEL GUION
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10 tips para que construyas personajes con verdadera profundidad psicológica: minicurso para guionistas

1.No existe tal cosa como la “psicología de los personajes” o propiamente la “psiquis de un personaje”. Los personajes no son personas y, por ende, no poseen ningún aparato psíquico. Lo que el escritor construye no es una realidad perceptible, sino un efecto narrativo que busca conmover a los lectores de un guión y, posteriormente, a los espectadores.

2.- El efecto según el cual los espectadores sienten que están frente a personajes con espesor psicológico nace de contrastes (o de reforzamientos), no de la acumulación de rasgos “psicológicos” estáticos. Por eso, que el que el escritor tenga algún conocimiento de la psicopatología es necesario, pero no suficiente. De nada sirve que digamos que nuestro personaje padece de trastorno de la personalidad esquizoide o de trastorno de la personalidad paranoica, si luego, en nuestra caracterización, nos limitamos a ilustrar los rasgos correspondientes sin dramatizarlos. La “construcción psicológica” de los personajes debe tener como finalidad que los espectadores logren percibir (y sentir) cómo funciona el personaje en el ámbito de su comportamiento y sus motivaciones, no que los psicólogos espectadores deduzcan una construcción teórica y la disfruten.

3.- La complejidad y la profundidad del efecto que construye la psique de un personaje es, como ya dije, el producto de diversos contrastes, por ejemplo: el contraste entre lo que el personaje desea (tal como lo expresan sus diálogos y lo reafirma su comportamiento), y lo que este mismo personaje hace, muchas veces en contradicción con lo que el mismo personaje desea. O el contraste entre lo que el personaje hace y lo que el personaje dice. O el contraste entre lo que el personaje desea y lo que el personaje puede lograr. O entre lo que quiere hacer y lo que debe hacer. La tarea del escritor de guiones es mostrar, mediante acciones, cada uno de estos contrastes.

4.- Para que existan contrastes entre comportamientos (o reforzamientos de un mismo comportamiento) la construcción de los personajes debe abarcar distintos niveles : un nivel lo constituye lo que el personaje dice, y otro nivel lo que indican sus palabras, por ejemplo. De la interacción de estos dos niveles, del reforzamiento de lo que sucede en niveles distintos o de las contradicciones entre lo que ocurre en uno y otro nivel, se genera el efecto de que el personaje tiene una psique. Por eso, la ironía constituye una buena herramienta para la construcción de los personajes: un diálogo irónico siempre pone al descubierto por lo menos dos niveles: lo que el personaje dice y lo que el personaje quiere decir con lo que dice. Por eso, también, el silencio o la omisión en los diálogos pueden tener tanta potencia dramática. Porque el contraste entre lo que el personaje quiere decir y lo que calla, constituye una contradicción similar a la que solemos vivir los humanos, que siempre estamos diciendo cosas para ocultar lo que sentimos.

5.- En los personajes que no tienen contradicciones, el reforzamiento de rasgos es un recurso que ayuda a la construcción de su psique. Este reforzamiento también requiere de la existencia de niveles: un personaje que no tiene conflictos internos puede lucir profundo y verosímil en la medida en que sepamos construir las capas que lo constituyen: sabemos, por ejemplo, que el personaje tiene una meta, que puede alcanzarla y que hará todo lo posible por alcanzarla y la exposición de esa fuerza triplicada nos habla de la decisión, de la potencia y de resolución del personaje. Y con eso, por ejemplo, habremos construido, la psique de un villano obsesionado.

6.- La “lucidez” de los personajes referida a su propia realidad psicológica puede ser enemiga devastadora de la verosimilitud. No es muy aconsejable que un personaje se autoanalice, o que conozca y exponga sus móviles profundos y sus contradicciones emocionales, o que diserte en torno a su propio complejo de Edipo. No hay nada más artificial que un personaje que se “dé cuenta” de la angustia que lo aqueja, y que exponga su descubrimiento con parrafadas psicologizantes. El efecto de que el personaje tiene “profundidad psicológica” nace, a menudo, de la construcción de un desconocimiento: el personaje quiere, pero no sabe que lo quiere, o no sabe por qué quiere aquello que desea con tanta vehemencia. O el personaje desea algo con toda su alma, pero no puede alcanzarlo, y no logra saber de dónde proviene su impotencia. O el personaje ni siquiera sabe lo que quiere, pero no puede dejar de actuar para satisfacer sus impulsos.

7.- Otro terreno fértil para la construcción de efectos psicológicos es el de las interacciones entre diferentes personajes. De ahí que las mejores escenas con contenido “psicológico” sean las que exponen tanto los propósitos patentes, como las intenciones encubiertas de los personajes. Una escena de tal tipo suele ser una batalla en la que un nivel se intercambia lo que se dice y en otro nivel se manifiesta lo que se quiere decir. En este caso, los diálogos constituyen la superficie de lo que pasa entre los personajes y el contenedor de lo que los personajes realmente buscan con sus actos de habla. Por eso los buenos diálogos dramáticos son un asunto de pragmática: cuentan no sólo lo que se dice, sino, sobre todo, la intención de lo que se dice. Corolario: el escritor debe tener claro, no sólo lo que enuncian sus personajes, sino lo que buscan con lo que dicen, que muchas veces es bastante diferente de lo que dichos personajes manifiestan con sus palabras.

8.- Hay herramientas que nos permiten comprender cómo los personajes construyen su psiquismo a partir de los roles que desempeñan en cada una de las situaciones en las que participan o, si se quiere, en los juegos psicológicos en los que acostumbran participar. El dinamismo psicológico de los personajes, como el de las personas de la vida real, se expresa a través de estos juegos que repetimos hasta el cansancio: cuando jugamos a ser víctimas para tener el privilegio de convertirnos en perseguidores, o cuando nos dedicamos perseguir a los demás para alcanzar la prerrogativa de transformarnos en sus salvadores. Este continuo cambio de papeles, que en la vida real le da desahogo a nuestra libido, en el drama es espejo de las gestas cotidianas de la psique de los personajes. Los espectadores suelen identificarse con esos juegos, tanto en sus instancias más banales, como en sus ocurrencias más perversas. Otras herramientas nos enseñan que nuestros comportamientos (y la de los personajes), suelen estar guiados por mensajes parentales de los que apenas nos percatamos: intentamos ser fuertes, o perfectos o siempre complacientes, y todas nuestras acciones resultan dirigidas a satisfacer impulsos como los mencionados. Lo mismo ocurre con los personajes: la coherencia “psicológica” del personaje suele surgir de la búsqueda de un objetivo omnipresente, a menudo “inconsciente”, que el personaje necesita alcanzar, de una pulsión que el personaje requiere satisfacer. Hay que saber qué es lo que nuestros personajes quieren demostrarse a sí mismos y, partiendo de allí, diseñar sus acciones. La “psique”, vista así, es la productora de una voz interior de la cual el personaje no está consciente.

9.- El conocimiento de los mecanismos de defensa es también para el escritor una herramienta de peso: se trata de esos mecanismos que utilizamos todos los días para negar lo que sentimos o para endilgarle la “culpa” a los demás. De dichos mecanismos están tejidos los diálogos creíbles y de ellos se nutren las escenas con profundidad psicológica.

10.- Los personajes con “profundidad psicológica”, por último —como todo en este oficio— nacen de la buena escritura, es decir, de aquella que emerge de la feliz conjunción entre conocimiento e intuición, entre cabeza y corazón, entre el pensamiento y el sentimiento. Los personajes que nos conmueven, mueven (y remueven) nuestros propios condicionamientos psicológicos, nos hacen huir u obedecer nuestras fantasías inconscientes. Por eso, no hay mejor indicador de que estamos dando a luz un personaje con emocionalidad y profundidad psicológica, que aquel que proviene de sentir el fluir de nuestra propia emocionalidad, que escribir es colocarse en el fragor de nuestras contradicciones y nuestros reforzamientos, como si fuéramos nuestros personajes y compartiéramos su emocionalidad. Esta es la batalla que muchas veces libramos los guionistas: la de matar y revivir al personaje, con el fin de dar muerte y permitir que renazca una parte dolida de nosotros mismos.

Frank Baiz

Otros artículos originales de Frank Baiz aquí.


  1. DINOBAT

    25 marzo

    Entretenido el blog, estuve un rato paseando, saludos,

    JD

  2. Genial. A ver si me animo y escribo un guión 😀

  3. La Facultad 22

    26 mayo

    super aporte! gracias por tu info 🙂

  4. Unknown

    2 febrero

    muchas gracias por la iformacion me ha sido muy util.

  5. walter rojas

    25 julio

    Gracias

  6. Unknown

    31 enero

    buenisimo

  7. Amelia

    2 junio

    excelente post. estaré trabajando en esas contracciones para enriquecer a mi personaje. gracias frank!