FRANK BAIZ - LA PÁGINA DEL GUION
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Personajes activos, personajes pasivos, personajes...

Personajes activos, personajes pasivos, personajes inertes

Algunos analistas y asesores de guiones llaman pasivos a los personajes que, de acuerdo con su criterio, “no funcionan”. Pero en este asunto de la naturaleza pasiva o activa de un personaje hay mucha tela que cortar.

Algunos retazos:

— El primer paso del análisis —de cualquier análisis, y en particular, del análisis de guiones—es el de la preparación del instrumental analítico. Los conceptos con los que opera el analista son su bisturí: nadie entra al quirófano con un escalpelo sin afilar. Hay un instrumental técnico (y metalingüístico) que nos capacita para pronunciarnos sobre el objeto que escrutamos. Sin este instrumental, que se tramita en forma explícita, o se gobierna desde el inconsciente, es muy poco lo que se puede postular sobre la naturaleza de lo que se está analizando. Quiérase o no, el rigor conceptual, separa al verdadero analista del opinador de oficio.

 

— ¿Qué significa que un personaje sea “pasivo”? ¿Qué significa “pasivo”? El DRAE le da al término pasivo, entre otras, las dos siguientes acepciones: Primera: “(Pasivo)… Se dice del sujeto que recibe la acción del agente, sin cooperar con ella.” Segunda: “(Pasivo)…  Dicho de una persona: Que deja obrar a los demás, sin hacer por sí cosa alguna.”

 

— Hay grandes personajes que son pasivos de acuerdo con la primera acepción. Uno de ellos es Jesús (en particular el Jesús de Nazaret  de Franco Zeffirelli, la miniserie de 1977). El Mesías,  es en gran medida, “un sujeto que recibe la acción del agente, sin cooperar con ella”. Sin duda, Un personaje inolvidable. Charles Serking, el alter ego de Bukovski que protagoniza Cuentos de la locura corriente —la película de Marco Ferreri de 1981— es también un personaje pasivo de acuerdo con esta primera acepción. En esta película, por cierto,  Serking / Bukovski recita el poema Style y hace mención de otro personaje pasivo: Juana de Arco, la de Dreyer. Candy, la ninfa que protagoniza el film del mismo nombre que dirigió Christian Marquand en 1968 (adaptando una novela famosa satírica de Terry Southern and Mason Hoffenberg), es otro gran personaje pasivo: atraviesa la película convertida en un objeto sexual que recibe la acción del agente, sin cooperar con cuánto ser humano del sexo masculino se le acerca.

 

— La segunda acepción del DRAE llama pasivo a “aquel que deja obrar a los demás, sin hacer por sí cosa alguna”. Un gran personaje pasivo de acuerdo con esta acepción es el Horacio Oliveira de la novela Rayuela de Julio Cortázar,  sobre todo el Horacio Oliveira del capítulo de la muerte de Rocamadour. David Locke (Jack Nicholson), el periodista de Professione: reporter, el filme de Michelangelo Antonioni de 1975, es otro personaje un tanto “pasivo” de acuerdo con esta acepción. En general, los personajes de corte existencialista parecen ajustarse bien a esta definición del término “pasivo”, porque suelen “dejar obrar a los demás, sin hacer por sí cosa alguna”.

 

— ¿Por qué no deben ser “pasivos” los personajes y, en particular, por qué no deben ser “pasivos” los protagonistas? La respuesta estándar es: “porque el protagonista debe perseguir una meta y debe moverse en pos de ella”.  De acuerdo con la misma apreciación, un personaje activo “se mueve” y un personaje pasivo “no se mueve”. Pero la pasividad o la actividad no es cuestión de movimiento: el  “movimiento”,  por sí solo, no garantiza el drama. ¿Cuánto “se mueve” Rick Blaine, el personaje de Casablanca? ¿Cuánto se mueve Hitler (Bruno Ganz), el personaje de La Caída el filme de Oliver Hirschbiegel de 2004? Y Othelo, el inmortal personaje de Shakespeare ¿se mueve o lo mueven? Lo que sucede es que el drama no es sobre el movimiento, sino sobre lo que se resiste al movimiento. O mejor dicho: sobre la dinámica que se establece entre lo que propicia un movimiento (y, con él, un cambio) y lo que se resiste a dicho movimiento.

 

— Un personaje es activo no cuando acciona, sino cuando actúa. Por eso, un personaje que se resiste al movimiento puede ser tan activo como uno que se mueve. Hay personajes activos porque se mueven y hay personajes activos porque se resisten a moverse. Esta resistencia puede ser directa, como la que ejerce Pedro Bengoa, el minero que se niega a pronunciar una palabra en Tiempo de Revancha, (el filme de Adolfo Aristarain de 1981), o puede ser indirecta, como la que ejerce la Juana de Arco del mencionado filme de Dreyer. Puede suceder también que un personaje no se resista cuando todo el mundo espera que se resista, como es el caso mencionado de Jesús de Nazareth o como ocurre con el protagonista inolvidable  de Forrest Gump, la obra imperecedera de Robert Zemeckis. Un personaje activo en suma, es un personaje que participa proactiva o reactivamente de la acción, que actúa o se niega a actuar, que se ve involucrado en un conflicto o que ve definido por su negativa a involucrarse en el conflicto que le pertenece. Un personaje es activo cuando se expresa en el conflicto.

 

— Los personajes que no son activos en el sentido dramático, quizás podrían ser llamados inertes, a falta de un mejor término. Son personajes que se mueven o que dejan de moverse llevados por la corriente de los acontecimientos: que no hacen resistencia, ni provocan roce, como si estuvieran sometidos a la Primera Ley de Newton, una ley física que podríamos suponer válida en la realidad (donde tampoco lo es), pero que está contraindicada en el drama. El drama se alimenta de la negación de la primera Ley de Newton: los personajes se niegan a moverse cuando se les empuja y se niegan a detenerse, cuando se les quiere frenar. Los personajes inertes, por el contrario, se mueven por inercia y, por tanto, no existen sino en la superficie de la trama: fluctúan con los vaivenes de los acontecimientos y carecen de peso específico, de masa propia. Un personaje inerte es Linda, la protagonista de Lovelace,  el reciente filme de Rob Epstein sobre Linda Lovelace, la luminaria del cine pornográfico.

 

— La conclusión es que no existen personajes “activos  bien estructurados” y personajes “pasivos mal estructurados”: no hay que buscar el dinamismo del personaje en la apariencia de su actuar “como-la-gente”, sino en la esencia de su “masa” dramática. Un personaje (dramáticamente) activo es aquel que se inserta en el conflicto, o bien porque lo genera con una decisión, o porque lo incrementa con su negativa a actuar o, en último caso, porque lo revela a través de su determinación de mantenerse firmemente fuera de él. Los malos personajes no son los pasivos, sino los inertes. Y esto es otra manera de decir que el corazón del drama es el conflicto. La pasividad humana, cuando se le dramatiza acertadamente, puede ser la fuente de historias inolvidables.


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