FRANK BAIZ - LA PÁGINA DEL GUION
LEYENDO

Psicología para guionistas: cómo construir villano...

Psicología para guionistas: cómo construir villanos que no coleccionen trajes de un mismo color

Me he topado no pocas veces con un tópico en la caracterización de los personajes (sobre todo de personajes que se suponen “desequilibrados mentales”) según el cual un “psicópata” es alguien que colecciona obsesivamente trajes del mismo color (los tiene siempre ordenados escrupulosamente en el closet), que se lava las manos con obstinada frecuencia  y que entra en pánico si algún otro personaje osa quebrantar el orden que lo rige. Ya se sabe que el cine está hecho de códigos que muchas veces devienen en tópicos, en lugares comunes, en reducciones cómodas, tanto para el público, como para el guionista. Más allá de los estereotipos, sin embargo, todos los seres humanos poseemos una suerte de sabiduría intuitiva sobre los trastornos mentales, solo que, a diferencia de lo que hacen los manuales diagnósticos norteamericanos que organizan esa sabiduría entre especialistas, los legos en la materia decimos cosas como “fulana es extraña”, “mengano es raro”, “perencejo es loco”.  Y esa sabiduría salvaje, por decir, se siente muchas veces traicionada por los estereotipos con lo que dibujamos a los trastornados mentales en nuestros guiones. Así que algunas distinciones en la materia de lo que, no con mucho rigor,  suele llamarse la “psicología de los personajes”, pueden ser de alguna utilidad para los interesados en la escritura.

Lo primero que uno tiene que decir es que casi cualquier síntoma que podamos considerar como propio de un trastorno mental es algo que conocemos  de  primera mano. Todos o casi todos tenemos algún rasgo obsesivo, si por eso entendemos algún empeño irrenunciable, alguna manía (término que, por cierto, utilizamos en la vida común y del cual valdrá la pena discurrir en algún otro momento), alguna urgencia impostergable que se nos mete en la cabeza. Y, de la misma manera, todos fantaseamos con situaciones absurdas o nos empeñamos en que estamos enfermos o nos sentimos feos (y las mujeres,  gordas) o estamos convencidos de que alguien nos quiere hacer daño. Pero eso no quiere decir que por eso padezcamos de trastorno obsesivo compulsivo, o seamos psicóticos, víctimas de trastorno dismórfico corporal  o que seamos esquizofrénicos paranoicos. Sólo que, como dijo un dramaturgo romano hace unos 22 siglos que de alguna manera también escribía guiones, somos humanos y nada humano nos es extraño. El asunto de los trastornos es, entre muchas otras cosas, un asunto de persistencia y de grado, no únicamente de cualidad.

Volviendo a nuestros “psicópatas maniáticos” que coleccionan trajes y toallas del mismo color, lo primero que quizás vale la pena comentar que no necesariamente el rasgo obsesivo acompaña todos los trastornos mentales: habrá enajenados que coleccionan los ojos que le extirpan a sus víctimas en cajitas etiquetadas y habrá trastornados asesinos en serie que se desentiendan de los globos oculares recién mutilados como quien se libra de una servilleta usada. Como todo en la vida, los trastornos mentales se combinan con una cierta libertad. Hay correlaciones, entre unos y otros trastornos, pero eso ya esas son sutilezas un tanto especializadas. De manera que todos los “psicópatas maniáticos” no tienen por qué tener el closet repleto de trajes del mismo color.

La segunda distinción atañe a la naturaleza de los trastornos que tienen entre sus principales síntomas conductas obsesivas: una cosa es el llamado Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) y otra cosa es el denominado Trastorno de la Personalidad Obsesivo Compulsivo (TPOC).  Y aunque todo esto suene muy técnico o muy sofisticado, para un guionista puede resultar útil conocer las diferencias.

El primer asunto es que el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) y el Trastorno de la Personalidad Obsesivo compulsivo (TPOC) son trastornos de diferente naturaleza: no es lo mismo encerrarse meses enteros en la habitación de un hotel para no ser contagiado por gérmenes, como sucede con el Howard Hughes de Martin Scorsese encarnado por Leonardo Di Caprio (The aviator, Martin Scorsese, 2004), que obstinarse en tener la casa limpia y obsesivamente ordenada, como ocurre con Mónica Geller, el personaje de la serie televisiva Friends.  Hughes es un caso irremediable de  Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), Mónica constituye un ejemplo de cómo puede ser un personaje aquejado por el Trastorno de la Personalidad Obsesivo compulsivo (TPOC). El Trastorno Obsesivo Compulsivo  era considerado hasta hace poco un trastorno de ansiedad (y se le agrupaba en los manuales para el diagnóstico de enfermedades mentales junto a desarreglos como el trastorno de ansiedad generalizada, el trastorno por estrés postraumático y el trastorno por estrés agudo). Hoy en día merece capítulo aparte y se le relaciona con otros trastornos caracterizados por la presencia de obsesiones, compulsiones o ambas cosas. Quienes padecen este trastorno suelen tener pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes (y persistentes) que ellos experimentan como invasores y no deseados, y suelen tener conductas repetitivas. En otras palabras: suelen vivir en el infierno de sus propias obsesiones y compulsiones. El Trastorno de la Personalidad Obsesivo Compulsivo, por otra parte, comparte con el resto de los trastornos de la personalidad el hecho de ser un patrón rígido de comportamiento (es la rigidez y la persistencia tanto interna como de un mismo comportamiento lo que hace que quienes padecen trastornos de personalidad parezcan ser solo capaces de funcionar de una única manera en cualquier circunstancia de vida). El patrón dominante de quien padece Trastorno de la Personalidad Obsesivo Compulsivo es el de la preocupación por el orden, el perfeccionismo y el control, tanto de sí mismo como de los otros,  a expensas de la flexibilidad, la franqueza y la eficiencia.

Monica Geller, el citado personaje de Friends tiene una personalidad bastante desesperante (como también son desesperantes lo rasgos obsesivos de Sheldom Lee Cooper, el personaje de The Big Bang Theory, cuyo desequilibrio principal, sin embargo, proviene del trastorno autista llamado síndrome de Asperger). El retrato del Trastorno de la Personalidad Obsesivo Compulsivo nos puede poner en contacto con personajes que viven confinados en la cárcel de  una manera de ser  que no puede adaptarse a los cambiantes avatares de la vida. Es como compartir experiencias con alguien que está recluido en una cárcel mental. Howard Hugues, el personaje de El Aviador y Melvil Udall de Mejor Imposible (As Good as It Gets, James L. Brooks 1997) son personajes más bien atemorizantes (en virtud del descontrol que proviene de sus obsesiones y de sus compulsiones). El retrato de su Trastorno de la Personalidad Obsesivo Compulsivo nos abre una ventana hacia el infierno de la compulsión y de la obsesión. Desde la cárcel del TPOC o desde el infierno del TOC se pueden acometer acciones heroicas o villanías. Y en ambos ámbitos mentales, pueden coleccionarse trajes de un mismo color. Pero lo que hace al personaje profundo e inolvidable no es la estereotipada singularidad de su síntoma, sino la verdad humana que se esconde en las tragedias mentales que vivimos los seres humanos y que podemos compartir con los personajes de nuestros guiones.


Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *