FRANK BAIZ - LA PÁGINA DEL GUION

Match Point

Distingo entre las bondades de un filme y las de su propuesta dramática, entre lo que la simplificación ineludible (y a veces abusiva) de los críticos llaman la película, y el guión. Es lo que me sucede con el polémico Match Point (Woody Allen, 1995), cuya “primera parte” me resultó cautivadora por su ritmo (dramático, plástico, musical) y cuya estructura dramática global (su “guión”) me resultó insatisfactoria. Se trata, creo yo, de una de esas películas de buenas ideas (Woody is always so clever) cuya estructura fragmentada exhibe los pedazos de varias películas posibles. Una premisa dramática preliminar -explícita, explicada, la de la pelotita de la vida que pasa o no pasa del otro lado de la red- ilustrada (y no demostrada) por el desenlace de una “segunda parte” policial, insuficientemente implantada en el transcurso de la “primera parte” de un filme que es un drama amoroso, tres en uno y ninguno. El cemento dramático de esa mixtura: dos personajes que no pueden cargar sobres sus hombros la debilidad de la fragmentación dramática, ella, una femme fatale que deviene en amante desesperada y él, un arribista víctima del obscuro objeto del deseo que se transfigura en Raskolnikov para probar la premisa y cuya transformación es tan “interna” (tan intelectual) que debe ser deducida por el espectador, a falta de concreciones dramáticas. Al lado de esto (o encima de esto), otras fragmentaciones: situacionales, temáticas, de género: la ironía de Annie Hall, la solemnidad de Interiors, la sátira de Broadway Danny Rose, la filosofía de Crimes and Misdemeanors, la parodia de A midsummer Night Sex Comedy. Al final, una premisa ilustrada con ideas y agudezas (con un sesgo bastante cínico para mi gusto), que jamás resulta demostrada dramáticamente . Mi conclusión personal: a veces más vale ser correcto que inteligente.