FRANK BAIZ - LA PÁGINA DEL GUION

Brokeback Mountain

Muchas de las apreciaciones que se  tiene de un filme provienen de la estructura dramática, es decir, del guión (A pesar de que en general se refiere a un guión inferido, a lo que uno supone que fue el guión: es gracioso cómo los críticos hablan del libreto como si lo hubieran tenido en sus manos). En Brokeback Mountain me parece, por ejemplo, que hay un vital asunto de perspectiva que influye en el resultado de la película y que explica los altibajos que señalan algunos críticos. Lo que sucede, creo yo, es que la perspectiva narrativa del film es desestructuradamente variable: en general, vemos el cuento de Ennis del Mar y Jack Twist desde una visión exterior (asistimos a lo que le sucede a dos hombres que se enamoran en los años sesenta) y, a ratos, hurgamos en la tragedia de Ennis del Mar, en la conmoción que le provocó haber conocido a Jack, etc. (no en vano, el film cierra con él, con la imagen del closet que atesora la chaqueta del amado, etc.). A caballo entonces entre lo externo y lo interno, entre la mirada panorámica y la mirada desde adentro, Brokeback Mountain nos entrega una visión a ratos apasionada y sentida de la relación (los altos) y, otras veces, una visión desaprensiva y anecdótica del asunto (los bajos), suerte de sube y baja que atrae, pero no enamora del todo (hablo por mí). Se me ocurre que estas cosas pasan con las adaptaciones, habría que leerse el relato original de Annie Proulx en el cual, supongo yo, las perspectivas son unificadas por el narrador, con el resultado homogéneo que – presumo- tiene la pieza literaria. O, en último caso, comprarse Brokeback Mountain: Story to Screenplay, para ver si allí está la respuesta.


  1. Acker

    5 marzo

    Me atrevo a escribir en este apartado. Muy interesante su percepción de la película y creo que, sin entender del todo (me faltan algunos conocimientos al respecto), coincido en lo general.

    Por otro lado, encuento muy interesante su blog.

    Un saludo.

  2. supertut

    8 marzo

    Yo creo, mi querido Frank, que estamos acostumbrados a los vaqueros de los spaguettis westerns que eran bien hablachentos y de repente nos encontramos con dos tipos Marlboro que no tienen mucho que decirse, pero si mucho que amarse… y quizás por eso la película está llena de silencios. Quizás el amor debería ser más callado y así podríamos oír más al corazón o a la montaña.